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Málaga de corazón

Málaga de corazón

 

Ver al Málaga CF saltar al campo de La Rosaleda con camisetas con los nombres de los pueblos de la provincia afectados por las inundaciones de hace unas semanas ya vale tres puntos pero, si además de eso, en el segundo 36, la ambición, el ansia por vencer y dar otro golpe sobre las mentes de los más derrotistas del lugar y a sus barrigas agradecidas de tanto bogavante reafirman, aun más si cabe, mi malaguismo.

Ser de un club como el Málaga tiene estas cosas, las pocas alegrías que tenemos se acercan más al corazón que a los éxitos deportivos. La realidad es que esta entidad está realizando un trabajo muy importante por calar en la sociedad malagueña donde reinan, que todo hay que decirlo, los madridistas y los barcelonistas. La bipolaridad del fútbol nacional hay que combatirla con el único arma posible, el sentimiento. Ser del Málaga es un sentimiento, cuando te toca el corazón, cuando el equipo de tu pueblo se acuerda del vecino, cuando en las caras de los jugadores se ve que la camiseta que portan no es un escaparate sino un sentimiento que tiene cara, nombre y apellidos algo dentro del corazón de los malagueños se remueve. La conciencia de ser de un sitio, la pasión con la que a uno se le llena la boca por defender a su tierra se lleva al lado del deporte, es necesaria esa comunión.

Aquí ni tenemos poderío económico para regalar a nuestros jóvenes aficionados trofeos con los que competir en el patio del colegio con los que llevan la camiseta de Messi o de CR7 porque han ganado la liga o la Champions, ni tenemos poderío para que los árbitros nos piten con miedo o mirando para otro lado, ni siquiera, para que nos respete el propio presidente de la Liga de Fútbol Profesional con sus horarios, sus televisiones y sus límites salariales, pero tenemos un corazón tan grande con el que contrarrestar todo eso. El sítole y el diástole de nuestro Málaga CF es el rugir de la afición, esa que no da  la espalda al equipo en un descenso, esa que se enfada con la vida cuando perdemos pero que acude al templo de martiricos a dejarse las gargantas por su equipo cada partido. No tiene precio en ningún caso lo que ayer hizo la plantilla, comprar entradas para también ayudar. Acordémonos de estas cosas cuando cualquiera de nuestro muchachos estén en baja forma y nos entren ganas de tirarlos por el morlaco, acordémonos cuando tengamos ganas de darles una pitada y mandarlos al Leganés a pasar un retiro sin minutos de juego. Estos son los nuestros, los blanquiazules, los que tienen que morder en cada balón, los que deben dejarse la última gota de su sudor cada semana para devolvernos a primera división, estos son los malaguistas que me representan.  Este es el club que me representa, aunque el dueño no aparezca por aquí ni a dar un  recado, aunque no salga nadie a dar una explicación cuando algo se hace mal o cuando las cosas no funcionan tan bien. Este es el club que amo, este es el Málaga que quiero y por el que lloro y río.

Y todas estas cosas que os digo aquí se las digo a mi hija de 8 años para sea malaguista como su padre, porque ser malaguista, ser del equipo de tu tierra te hace más humano, más terrenal. Ser de los que siempre ganan es muy sencillo, yo no me cambio por todos los que hoy lloran por las esquinas por una manita o los que lo harán cuando se queden fuera de la Champions como cada año.

 

Autor: Kiko García

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