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Valverde, un mito

Valverde, un mito

Un mito. Don Alejandro Valverde. Lo era antes de Intsbruck. Antes del arco iris. Antes de ser Campeón del Mundo. Lo es porque ha ganado donde ningún español lo había hecho, lo es por haber ganado tantas carreras como ningún ciclista español ha hecho, por ganar en los montes, en las colinas, en el llano y hasta las cronos.

Los dioses del olimpo habían marcado el mes de septiembre de 2018 como aquel en el que abrirían las puertas de su cielo del deporte a Alejandro Valverde.  Había asaltado el cetro mundial en muchas ocasiones, en algunas había estado cerca, segundo, tercero. Incluso muchas veces se le han permitido el lujo de criticarle por no haber ganado. Pero “El Bala” sabe lo difícil que es llegar el primero, lo que hay que sufrir para cruzar la meta antes de los otros 160 mejores corredores del mundo en una carrera de más de 200 kilómetros, con recorridos, en ocasiones lejos de dar opciones a sus mejores cualidades como ciclista, pero ahí estaba él, compitiendo. Luchando por lograr su sueño, un sueño que ya lo era para muchos de los que le seguimos y de los que lo conocemos, porque le veíamos vestido de arco iris alguna vez.

Con 38 años a sus espaldas, su madurez le ofrece la capacidad de tomar decisiones acertadas, correr más tranquilo. Todos los que han compartido con él carreteras, incluso sus rivales, le respetan. Se lo ha ganado en tantas carreras, por tantas cosas. El pelotón internacional sabe lo que significa lo que ha logrado en estos años. Lo valoran mucho más que el resto de los mortales, porque son los propios ciclistas los que saben la dificultad que tiene ganar tanto y como él lo ha hecho.

En España, país resultadista como ninguno, no se ha valorado a Alejando Valverde en su justa medida porque no ha ganado un Tour. No se ha querido ver más que una carrera, como si el resto de sus más de 100 triunfos fueran de segunda categoría, como si solo valiera la carrera francesa. Pero, cada vez más, ganar en “La Grand Boucle” es menos fetiche. Cuando en los ochenta Pedro Delgado y el Reinolds de Echebarri cruzaron los Pirineos por vez primera, los españoles solo pensábamos en el Tour como una oportunidad para aparecer en el escenario mundial del deporte ciclista, nos veían como de segunda categoría, nos criticaban porque pensaban que no sabíamos correr en pelotón, que produciríamos caídas, éramos los divertidos de las carreras, los extravagantes, escaladores y poco más y rara vez nos invitaban a correr lejos de la piel de toro. Perico, Arroyo, Rodríguez Magro, Laguía y unos cuantos más hicieron cambiar el rumbo de la historia.

Luego llegaría Miguel Indurain para dejar boquiabierto al mundo y derribar barreras  que nos habían puesto en el mundo de este deporte. España ya era potencia mundial. Luego llegó Alberto Contador. Un hombre Tour. Lo que el aficionado al fútbol quería para sus tristes y aburridos meses de julio entre liga y liga.

En medio de eso, Oscar Freire ganaba las carreras que nunca un español había ganado, “volatas”, llegadas al sprint que no se nos hubieran pasado por la cabeza décadas atrás, ganó tres mundiales,  2004, 2007 y 2010. Pero sólo el mundo ciclista, el aficionado real a la bicicleta le valoró en su justa medida. Porque no había ganado un Tour. Pero el cántabro, para algún despistado, fue ganador de la regularidad en esa carrera en 2008 donde  también ganó, cuatro etapas,  ganó tres Milan San Remo, uno de los monumentos ciclistas de la temporada. Otro genio de esto al que no terminamos de agradecer lo grande que hizo el ciclismo patrio. Una leyenda más valorada en el resto del mundo que en su propio país.

Lo que hizo “VanFreire” en las llegadas al sprint lo ha hecho un murciano en las clásicas de primavera. Lleva años Valverde imponiendo su clase en las llegadas en cuesta en grandes citas en las que a los españoles no se nos había perdido nada décadas atrás. Las clásicas belgas han visto en lo más alto de su pódium (5 Flechas Valonas y 4 Liejas) al “Balaverde”.  Antes del maillot arco iris había logrado dos platas y cuatro bronces en el mundial, más medallas que ningún otro ciclista español. Pero siempre le criticaron que no era capaz de ganar un Tour, ¿Y qué más da? Si ha ganado tanto y en tantos sitios que posiblemente importe un comino si no ha ganado la carrera de Francia. Además se ha subido en el podio de las tres grandes, ha ganado una Vuelta a España, algo que por ejemplo no pudo hacer Indurain y tampoco pasa nada.

Valverde además es un ejemplo de amabilidad con los aficionados y con los medios de comunicación. He tenido la oportunidad de compartir con él muchas ruedas de prensa, actos, carreras y jamás le vi un feo gesto. Ni siquiera una desgana cuando las cosas no salen tan bien. El lado humano de Alejandro Valverde le hace aún más grande. En su tierra cada mañana casi medio centenar de personas le esperan cerca de casa para compartir entrenamientos en su grupeta cuando está en periodo entre carreras y ahí está él compartiendo carretera con los aficionados. Un campeón del Mundo que nunca ganará un Tour pero que probablemente sea el segundo mejor corredor español de todos los tiempos. No tengo dudas de ello. El debate estaba abierto pero hoy lo ha cerrado en el Tirol. Don Alejandro Valverde de Murcia, de España y del Mundo.

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